Una foto fija de Barcelona (La Vanguardia)


1.500 personas asisten a la recepción de los 'barcelonians by choice' en el Palacete Albéniz / BARCELONA GLOBAL

Cuenta un inversor extranjero radicado desde hace dos décadas en Barcelona que quiso vivir en España porque le pareció la síntesis perfecta entre la buena vida de la Europa meridional y la seriedad del norte. Es decir, un país a medio camino entre Italia y Alemania. Hoy, en plena crisis de credibilidad política por la enésima convocatoria electoral, advierte que las cosas pueden estar cambiando: España, dice, estaría dejando de ser el país eficiente que era.


Lo percibe en la degradación de los servicios por culpa del recurso sistemático a las prórrogas presupuestarias. Y avisa que, mientras en Italia la sociedad se adapta al desgobierno y logra que las cosas funcionen, en España no existe esa costumbre y las cosas pueden dejar de funcionar si los gobernantes no gobiernan.


Este inversor es uno de los asistentes a la recepción Hola Barcelona! que Barcelona Global ofrece el miércoles 18 en el palacete Albéniz a 1.500 representantes de la comunidad extranjera. La foto de familia que se toma al final del acto es el certificado de buena salud de una ciudad que no ha perdido sex appeal , la orla de una nueva promoción de talento que abre casa en Barcelona para interactuar desde ella con el resto del mundo.


Pero, aun con todo su esplendor de atardecer de final de verano, se trata sólo de eso, de una foto fija condenada a vagar por el laberinto de internet. Sólo tiene sentido si se renueva y se amplía cada año. Y para ello es necesario que la ciudad siga dando la talla. En beneficio de los locales por nacimiento y de los locales por elección .


Las amenazas están bien definidas, menos para quien no quiere verlas. La secuencia de la mengua de los presupuestos de las instituciones culturales, de las universidades o de los centros científicos es demasiado pertinaz como para que no se perciba el peso de una inercia difícilmente reversible. Entre los gastos sociales que se consideran intocables nunca figuran la cultura o la investigación. Y esto es así gobierne quien gobierne y sea cuál sea el signo del ciclo económico.


La última víctima de esta deriva es una institución colindante con estos jardines del palacete Albéniz que acogen la cita de Barcelona Global: el MNAC. El Museu Nacional d’Art de Cataluya está renunciando hoy a exposiciones ya programadas para encajar el brutal recorte presupuestario que le acaba de exigir la Generalitat. Ni siquiera su condición de equipamiento nacional de Catalunya le ha servido de salvoconducto ante una decisión que compromete su presencia en el circuito global de museos. Si hay una manera de estrangular la proyección internacional de un museo (y, en este caso, de las grandes colecciones catalanas) es impedirle participar en los intercambios de obras y de proyectos con otras instituciones culturales.


Cuando se critica que el sector de la cultura sobrevive gracias a las subvenciones se ignora que prácticamente todos los sectores están subvencionados, en algunos casos mucho más que los museos, los teatros o los auditorios. Y se silencia que determinado tipo de cultura difícilmente podría existir sin apoyo público. Se omite también que sin la opción de asistir a la exposición de esos cuadros o al montaje de esas óperas de compleja producción la sociedad será menos diversa, profunda y ambiciosa.


Es cierto que Madrid juega con ventaja en el campeonato de la cultura: el Estado apoya más a las grandes instituciones madrileñas que a las de otras ciudades, mientras que la concentración en la capital de los directivos de las grandes empresas facilita el mecenazgo de la cultura.


Pero eso ha sido así casi siempre y, a pesar de ello, Barcelona ha sabido históricamente encontrar recursos para sobresalir. El problema añadido que se plantea ahora, además de la escasa disposición del Govern a sostener la cultura (el Ayuntamiento destina el 7% de su presupuesto a este fin, frente al 0,8% de la Generalitat) es el debilitamiento acelerado del tejido empresarial catalán.

No se trata sólo de los miles de empresas que se han ido a Valencia, Palma o Madrid en busca de estabilidad política, sino de todas las que en los últimos años están entrando en la órbita de fondos extranjeros de inversión. En cualquier caso, la capacidad de decisión se deslocaliza y disminuyen las opciones de implicar a operadores privados locales en la marcha de las instituciones culturales o científicas. En otras palabras, hay menos puertas a donde llamar cuando se quiere dar un salto hacia delante.


En este contexto, los barcelonians by choice presentes en el encuentro del palacete Albéniz suponen una fuente potencial de energía y de talento que la ciudad no puede desaprovechar. Pau Guardans , presidente de Barcelona Global, se refiere a ello cuando les pide que ayuden a la ciudad que los acoge a mantener alto el nivel de exigencia.


Probablemente, basta con conseguir que las mismas condiciones favorables que han motivado su decisión de instalarse en Barcelona se mantengan o mejoren. Para así lograr que no se vean obligados a largarse a otro país cuando su proyecto profesional o empresarial adquiera una cierta dimensión, y que en un futuro puedan ser ellos quienes ayuden a la ciudad a sobresalir en todo aquello que se proponga.

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