Una casa portuguesa para Miró (La Vanguardia)

Buscar acomodo digno para un lote de más de ochenta obras de un artista de talla universal es un reto al que querrían enfrentarse muchas ciudades. Porque lo habitual hoy en día es que los museos, los países o los ayuntamientos se peleen por la titularidad de un solo cuadro. O que se lancen grandes operaciones de captación de fondos para evitar que el mercado acabe sustrayendo del disfrute público esta o aquella obra concreta. Oporto es la excepción. Por circunstancias imprevistas, la ciudad atlántica se enfrenta a ese bendito problema: tiene que procurar residencia permanente para 85 magníficas obras de Joan Miró que le han sido confiadas por el Estado portugués.


El proceso está en marcha, aunque aún no hay fecha para su culminación. Los Miró se ubicarán definitivamente en el edificio histórico de la Fundación Serralves, que será remodelado según un proyecto liderado por el arquitecto Álvaro Siza. Falta que el Ayuntamiento, depositario de las obras, concrete la financiación. Mientras tanto, los expertos trabajan este 2019 en el análisis y estudio de las piezas de la colección, que todas las partes implicadas califican de muy importante en el conjunto de la obra del artista barcelonés.

Está previsto que junto a los cuadros del legado de Miró puedan mostrarse también obras de artistas que fueron contemporáneos suyos.


La apertura de la colección creará un triángulo entre Oporto, Barcelona y Palma


Cuando se abra por fin al público, el museo de la Casa de Serralves –un majestuoso edificio de 1925-1944 con elementos de art déco– se situará entre los primeros del mundo en lo que a exhibición de obra de Miró se refiere, junto a las fundaciones de Barcelona y Palma y a otras instituciones bien surtidas de trabajos del creador catalán como son el Reina Sofía de Madrid o el MoMA de Nueva York.


Para que este feliz acontecimiento se produzca han tenido que darse una serie de circunstancias insólitas, como son la quiebra de un banco, la retirada de las obras de una subasta que estaba a punto de celebrarse o una decisión de un gobierno marcada por la sensatez y el sentido de Estado.


La historia de esta colección Serralves arranca en el momento en que el galerista Pierre Matisse ayuda a Joan Miró a introducirse en el mercado americano. Es Matisse (hijo del pintor Henri Matisse) quien exhibe en Nueva York toda la serie de las constelaciones mironianas, con gran impacto en el mundo del arte. Escribe Josep Massot en Joan Miró, el niño que hablaba con los árboles (Galaxia Gutenberg) que Matisse, él mismo un pintor frustrado, prestó siempre al barcelonés el apoyo que este necesitaba, sobre todo en los años más convulsos del siglo XX.

Y es gracias a esta relación privilegiada por lo que este galerista llega a acumular, en el momento de su muerte en 1989, un total de 139 obras de Miró.


Los expertos estudian las obras mientras se espera financiación para adecuar la sede



Estos trabajos acabarían siendo adquiridos por coleccionistas privados. Uno de ellos es Kazumasa Katsuta, personaje clave en esta historia. Es él quien en el 2006 venderá 85 obras de Miró al Banco Portugués de Negocios (BPN), y es también él quien en el 2011 donará a Barcelona 32 magníficas piezas del artista, que pueden contemplarse hoy en la Fundació Miró de Montjuïc.


Por lo que sabemos ahora, la compra de aquellos cuadros por parte de la entidad financiera portuguesa debió de ser uno de esos actos irresponsables que cometen las corporaciones cuando han dejado de tener los pies en el suelo. La brutal crisis económica iba a dejar desnudo un banco que acabaría siendo nacionalizado en el 2008 en medio de un escándalo con derivaciones políticas. Portugal se veía abocado al desastre y al gobierno de turno no se le ocurrió otra cosa que echar mano de los Miró para paliar su déficit, iniciando los trámites para una subasta en Sotheby’s que iba a reportar a las arcas públicas poco más de 30 millones de euros, una cifra ridícula si se compara con los 78.000 millones en que se cifraría el rescate del país por parte de la comunidad internacional.


Por fortuna, una movilización del sector del arte frenó la venta y el Estado asumió la propiedad de los Miró del BPN, los restos preciosos de un naufragio.

Y aquí se produce el que acaso sea el hecho más inaudito de toda esta historia. En lugar de depositar las obras en la capital, Lisboa –sede de una fundación, la Gulbenkian, que posee una reputada colección de arte– el ejecutivo se imbuye de sentido de Estado y ordena que los cuadros que viajen 300 kilómetros al norte, hacia un Oporto donde la crisis se estaba ensañando de forma particularmente virulenta.


Los cuadros los vendió el japonés Katsuta, donante también de la Miró en Barcelona


Si la Gulbenkian disponía ya de una buena colección, su equivalente en Oporto, la Fundación Serralves, destacaba por sus exposiciones temporales, pero carecía de fondos propios de relevancia. Aquellos Miró podían subsanar la carencia. Se aplicaba así una lógica inhabitual en los países estructurados en torno a viejas capitales imperiales, a menudo genéticamente incapaces de asumir que la periferia también es Estado.


Desde entonces, los Miró han podido ser vistos por locales y visitantes en sendas exposiciones en el 2016 y el 2018. Su puesta de largo como exhibición permanente será, en palabras del director de la Fundació Miró, Marko Daniel, “una gran noticia para el mundo del arte en general, porque es una de las mejores colecciones de Miró, y servirá además para que se retroalimente el interés por la obra de este artista, porque después de una buena exposición, el público se queda con ganas más”.


¿Se creará entonces un trián­gulo mironiano conformado por las colecciones de Oporto, Bar­celona (la más importante de todas) y Palma? Marko Daniel cree que sí, aunque advierte que no se trata de la única triangulación ­posible a propósito de Miró. Podría hablarse de otro triángulo basado en los lugares en los que residió el artista en España: sus vértices serían Barcelona, Palma y Mont-roig, donde se encuentra la masía conocida como Mas Miró. O de un tercero que configurarían Catalunya, París y Nueva York...

Mientras se prepara el terreno, la Fundació Miró y la Fundación Serralves han colaborado estrechamente en la organización de exposiciones y mantienen un canal de intercambios abierto, a menudo con el denominador común del patrocinio de La Caixa. La artista india Nalini Malani, galardonada este año con el premio Joan Miró que conceden la fundación barcelonesa y la Fundació La Caixa, expondrá próximamente su obra en Barcelona y en la Serralves de Oporto.


Álvaro Siza prepara una intervención discreta en la vieja sede: “No dejaré firma”



La apertura al público del legado de Miró en Portugal depende ahora de que se habilite una partida para pagar las obras. No hay todavía fecha. El arquitecto Álvaro Siza, autor de la moderna sede de la fundación, tiene claro cuál tiene que ser su aportación. Él mismo diseñó la adecuación del espacio de la vieja sede para la primera exposición de Miró en el 2016. En una entrevista concedida al semanario Expresso en el verano del 2018, Siza avanzó que su intervención en el edificio será discreta: “No dejaré firma”.

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