Madrid-Barcelona, noviazgo aplazado


Preguntamos a la alcaldesa Manuela Carmena, gran defensora del poder emergente de las metrópolis frente a estados y regiones, si acepta que Madrid y Barcelona están llamadas a colaborar en muchos ámbitos cuando algún día se supere el abismo político.


La invitamos a pronunciarse sobre una percepción que gana adeptos: ¿Hasta qué punto la vocación mediterránea de Barcelona y la querencia latinoamericana de Madrid impiden apreciar que estas dos ciudades, en realidad, constituyen una única mancha urbana (así se ve en las fotos nocturnas tomadas desde el espacio) con dos núcleos diferenciados que están hiperconectados entre sí? Dos ciudades feministas, pacifistas, solidarias, culturales, literarias y con dos equipos de fútbol globales que son dos caras de una misma moneda...


La alcaldesa sonríe, como si quisiera decir que está de acuerdo, pero se impone la realidad del momento: “A partir del 2015 (con la llegada al poder de las alcaldesas del cambio en ambas ciudades) se abrió una gran oportunidad para colaborar. Hicimos cosas importantes; nos reunimos con Ada Colau... Y yo insistí mucho para que en Madrid se programaran espectáculos en catalán con subtítulos y espectáculos en euskera con subtítulos. Parecía que iba a ser posible. Pero no fue así”.


El nacionalismo español ha arraigado de manera insospechada y eso ha sido dramático para Madrid”

MANUELA CARMENA


“El mero hecho –añade con tono hastiado– de que yo recibiera como tenía que recibir al presidente de la Generalitat (se refiere a Carles Puigdemont) lo cambió todo. No me lo han perdonado. El independentismo ha sido como un látigo que impide que se pueda consumar ese acercamiento. Y ha sido terrible porque el nacionalismo español ha arraigado de manera insospechada y eso ha sido dramático para Madrid. Hay una ruptura artificial que dificulta cualquier colaboración”.


Carmena recibe a La Vanguardia en uno de los torreones que coronan el edificio consistorial. Está situado a sólo un cuarto de hora a pie del Tribunal Supremo, donde en ese mismo momento (es martes) declara Jordi Turull. Pero a una distancia similar se encuentra también el CaixaForum Madrid, uno de los símbolos de intercambio de flujos culturales entre las dos capitales. Estos días programa una muestra sobre Toulouse-Lautrec que procede de Barcelona.


En el debate sobre cómo la política ha contaminado la relación de dos ciudades globales como Madrid y Barcelona tercian las tres directoras de las áreas de Cultura: Marisol Mena, Belén Llera y Getsemaní de San Marcos, que acompañan a la alcaldesa. Salen en la conversación los nombres de catalanes que ocupan lugares destacados en la cultura madrileña, como Joan Matabosch (Teatro Real), Carme Portaceli (Español) o Rosa Ferré (Matadero); y los de los madrileños desplazados a Barcelona, como Pablo Martínez (Macba) o Leticia Martín (Liceu). Son la evidencia de que hay un sustrato cultural abierto y dialogante que se resiste a sucumbir a la corriente política segregadora.


Apuntamos que de la misma forma que Madrid fue la ciudad invitada en la Feria del Libro de Guadalajara de 2017 y Barcelona lo será en la de Buenos Aires de este año, se podría plantear una candidatura conjunta a otros eventos similares.


–Sería un bonito gesto–, tercia Llera, directora general de Bibliotecas, Archivos y Museos.


No hay un solo modelo de ciudad; creo en combinar la solidaridad, la creatividad y la participación”

MANUELA CARMENA


La alcaldesa considera que Barcelona y Madrid acabarán teniendo la estrecha relación que les corresponde como metrópolis afines y complementarias: “Primero tenemos que superar este calvario político, pero nuestra democracia ha sabido superar situaciones mucho más difíciles, como el terrorismo vasco. Parecía imposible pero se dialogó y se cumplió la ley; se dialogó y se cumplió la ley”. “Creo que dentro de siete u ocho años lo acabaremos solucionando”, concluye.


Insistimos en las semejanzas y diferencias entre ambas urbes, en este caso sobre el modelo de ciudad, un debate más presente en metrópolis que no son capitales que en Madrid, Washington o Roma: “Soy crítica con este tema, con la búsqueda de un talismán de oro. Creo en tres líneas de trabajo: una estructura de solidaridad, de participación y de creatividad. La esencia de la ciudad tiene que ser la solidaridad, reequilibrar, pero una ciudad no se gobierna desde arriba y hay que fomentar la participación, y Madrid ha vivido mucho tiempo de espaldas a la participación”.


Carmena admite que su equipo de gobierno no estaba inicialmente configurado para gobernar. Eso afectó especialmente al área de cultura, hasta que se corrigió el tiro al asumir la propia alcaldesa sus competencias. Entre los logros de este mandato en cuestión de cultura, Carmena enumera la descentralización, con la apertura de espacios como la Quinta de los Molinos; el apoyo al tejido creativo para lograr que florezca o la política de convertir las bibliotecas en centros de cultura, aunque en este asunto se siente “frustrada” por no haber logrado que la mayoría abran en horario de fin de semana.


Publicado en LA VANGUARDIA el 24/2/2019 con foto de DANI DUCH

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