Barcelona bien se merece una renuncia

El Mobile World Congress (MWC) viene cada año precedido por una indefectible convocatoria de huelga en el transporte. Este año peligra el servicio de metro, ya que un colectivo de trabajadores del suburbano ha decidido convocar paros parciales coincidiendo con el congreso. Otros años han sido los taxistas o el personal del autobús. Se trata de movilizaciones legítimas, por supuesto, pero tienen en común el hecho de convertir la ciudad y su proyección internacional en rehenes de intereses particulares.


Pensar que la marca Barcelona está tan consolidada que lo puede resistir todo alienta ese tipo de comportamientos que anteponen el provecho individual al bien común.


Se da en muchos ámbitos. El sector de la restauración, por ejemplo, libra una necesaria batalla legal para preservar la cultura mediterránea de las terrazas ante la excesiva tendencia a la regulación por parte del Ayuntamiento. Pero al hacerlo ampara también a empresarios de bares y restaurantes de determinadas vías turísticas cuya actividad supone un maltrato sistemático de la marca de ciudad, por el servicio lamentable y a precios abusivos que ofrecen a sus clientes. ¿Se podría hacer de otra manera? Sí, pero siempre a costa de sacrificios que nos cuesta asumir.


Al final, la variable que determina la ecuación es el grado de sentido de pertenencia a la comunidad que tiene cada individuo. Dicho de otra manera, hasta qué punto estamos dispuestos a renunciar a intereses particulares para contribuir a que la ciudad preserve e incremente su prestigio, sabiendo que a largo plazo esta mejora acabará redundando en nuestro propio beneficio en forma de atracción de talento, de inversiones, de mejora del nivel de renta...

Si se amplía el foco, se verá que ese fluctuante sentido de pertenencia es el que va a determinar hasta qué punto la próxima campaña electoral se va a centrar en Barcelona o, por el contrario, en el uso que de ella pueden hacer el nacionalismo catalán o el español. Nunca en la historia reciente se habrá puesto tan a prueba esta vinculación con la idea de ciudad. Ni por parte de los partidos ni por parte de los votantes.


Aunque las circunstancias políticas invitan a pensar que habrá una polarización en el eje Catalunya-España, más que en el ideológico, esta semana se ha constatado que aún es posible alcanzar un cierto consenso sobre la importancia de proyectar Barcelona. Y el consenso, ya se sabe, comporta siempre renuncia.


El miércoles, al mismo tiempo que se anunciaba una estimulante alianza entre el Mobile y el Sónar (ambos acontecimientos estaban condenados a entenderse), profesionales, patronales, empresas e instituciones de distinto signo se reunían para presentar el proyecto de renovación de la marca Barcelona. Centros de investigación, Foment del Treball, el Barça o el propio MWC se avenían, a cuatro meses de las elecciones, a secundar una iniciativa que lidera el Ayuntamiento de Ada Colau, que tan reacio fue en sus primeros años de mandato a las políticas de branding y al fomento de la colaboración entre el sector público y el privado.


El consenso generado y la definición concienzuda de las fortalezas y debilidades de la ciudad son tal vez lo más positivo de un proyecto que, sin embargo, suscita dudas sobre la fórmula establecida para su buen gobierno y que no parece lo suficientemente blindado frente a los eventuales vaivenes electorales.


Otra cosa es el eslogan elegido: “Always Barcelona”. Por supuesto, es el mercado el que acaba aprobando o suspendiendo las marcas, por lo que cualquier juicio sobre el nuevo lema sería precipitado. Pero ¿era necesario? En cualquier caso, resulta lo suficientemente ambiguo para que quepan en él todas las barcelonas posibles. Por fortuna, esta da ahora muestras de querer volver a ser una ciudad que se interroga y se reinterpreta a sí misma. Como siempre había sido.


Vuelve el discurso metropolitano

Ada Colau sorprendió el viernes por su contundencia a la hora de reivindicar una región metropolitana de Barcelona con 164 municipios que debería dotarse además de un sistema de “cogobernanza” que permita impulsar políticas comunes (también con la iniciativa privada) que vayan más allá de los servicios que ahora presta la AMB. Lo hizo en un acto convocado por el Cercle d’Economia y Barcelona Global. En los próximos días, otra alcaldesa importante se pronunciará también a favor de relanzar la ambición metropolitana.


El Hermitage se despereza

Aletargado durante los últimos meses, probablemente a la espera de que finalice el actual mandato electoral, el proyecto de abrir en Barcelona una franquicia del museo Hermitage de San Petersburgo parece resurgir. Personas del mundo de la cultura barcelonesas han sido sondeadas por los promotores de la iniciativa, que han negociado también con una cadena de restauración local la concesión del restaurante del futuro museo. Este se ubicaría junto al flamante Trencaones.


Fútbol femenino: aúpa Athletic

Bilbao, una ciudad que ha sabido reinventarse a través de la cultura, parece en condiciones de aspirar a una nueva capitalidad: la del fútbol femenino. La prensa internacional ha destacado esta semana el hecho de que el partido de Copa de la Reina entre las jugadoras del Athletic Club y del Atlético de Madrid, celebrado en el mismísimo San Mamés, congregara a 48.121 espectadores, una entrada que ya querrían para sí la mayoría de los equipos masculinos de Primera División.

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